Recuperación de una finca agrícola histórica en el macizo de Anaga: sus bancales, su sistema de agua, sus caminos y sus construcciones. Un trabajo de años, hecho por fases.
La pregunta no es cómo es la finca, sino cómo se recupera: unas 120 hectáreas de paisaje agrícola histórico que estuvo en funcionamiento hasta hace unos veinte años y se mantuvo intacto, devueltas a la vida paso a paso, a lo largo de muchos años. El proceso es el proyecto.
La finca son unas 120 hectáreas en el Barranco de las Huertas: laderas empinadas, barrancos que bajan al mar y bancales construidos a mano a lo largo de generaciones para cultivar en pendiente.
El primer trabajo no es intervenir, sino observar. Recorrer el terreno, ver por dónde corría el agua, qué muros aguantan y cuáles han cedido, qué bancales se pueden recuperar y cuáles dejar. La finca enseña cómo quiere ser recuperada; hay que dedicar tiempo a leerla.
En esta fotografía de 1970, cada bancal está cultivado. El paisaje que hoy recuperamos no es una idea: ya existió.
No se puede recuperar lo que no se entiende. Antes de mover una piedra hay que saber qué fue la finca: cómo funcionaba, qué producía, qué la mantuvo en pie. La finca de El Conde toma su nombre de los antiguos Condes de Salazar, a quienes la familia Dorta —exportadores agrícolas— compró estas tierras en los años cuarenta. Durante décadas, el Valle de Las Huertas produjo plátanos, tomates y papas, buena parte para la exportación.
A partir de los años setenta, el transporte y los productos importados hicieron que la agricultura local dejara de ser rentable. Muchas fincas de la zona se fueron vendiendo y fragmentando poco a poco. Esta, en cambio, no se fragmentó: siguió en funcionamiento hasta hace unos veinte años y se mantuvo en buena parte intacta, sin dividirse ni construir sobre ella. Por eso conserva todavía sus bancales, su sistema de agua y sus construcciones. Esa continuidad es justo lo que hace posible su recuperación hoy.
«Esto eran todo huertas. Cada bancal tenía su dueño y su turno de agua, y aquí no se perdía una gota.»
Buena parte de lo que hay que saber no está en ningún plano. JuanJo, el responsable de la finca, se sienta con los vecinos mayores que trabajaron estas tierras o las conocieron en producción. De esas conversaciones salen los datos que guían el trabajo: por dónde iba cada acequia, cómo se repartía el agua, dónde estaban los límites, qué se cultivaba en cada bancal y quién vivía en cada casa. Parte de ese trabajo se está grabando en vídeo. Es información práctica, además de memoria.
Conversaciones con vecinos de Anaga · Documentación en curso
Uno de los últimos agricultores jornaleros de la zona. En 1968 emigró con su familia desde el Lomo de Las Bodegas a San Andrés, y desde entonces y hasta su fallecimiento trabajó las fincas de El Conde y La Quinta. Vivió primero en una de las casas de El Conde y más tarde levantó su propia vivienda en el barrio de Suculum. Compaginó su trabajo asalariado con el cultivo de otros terrenos a medias.
La finca se regaba con agua de una galería, distribuida por acequias y canales hasta un estanque y, desde ahí, a los bancales. Sin ese sistema, la tierra no produce. Por eso el agua va primero.
El trabajo en marcha es recuperarlo: limpiar el estanque, abrir las acequias, revisar las conducciones y reponer los tramos que faltan. Se hace en coordinación con el Cabildo de Tenerife, los técnicos y los propietarios vecinos, respetando los derechos de agua y los repartos de siempre.
Con el agua en camino, empieza el trabajo en el terreno: reconstruir los muros de piedra seca de los bancales, desbrozar y limpiar las terrazas, podar y recuperar el arbolado que quedó, rehacer los caminos para mover herramienta y agua.
Es trabajo manual, lento y por orden. Cada bancal recuperado sostiene al siguiente; cada metro de muro levantado vuelve a sujetar la tierra de la ladera. No se hace todo a la vez: se avanza por donde la finca lo permite. Los cultivos conviven con la planta canaria que ya está en el terreno —el cardonal y el tabaibal—, en un mosaico que combina producción y conservación en lugar de despejar la ladera.
Las construcciones de la finca —las casas, los corrales, el cuarto de aperos, el estanque— se rehabilitan dentro de su huella histórica, con criterio técnico y los permisos correspondientes.
Reparar antes que sustituir. Avanzar por fases y evitar los pasos irreversibles: es más fácil esperar y entender mejor que deshacer un error. La finca lleva más de un siglo en pie; no hay prisa que justifique estropearla.
Limpieza del estanque y apertura de las acequias y canales de riego.
Reconstrucción de los muros de piedra seca de los bancales.
Desbroce y limpieza de las terrazas para devolverlas al cultivo.
Poda y recuperación de los árboles que quedaron en la finca.
Arreglo de los senderos y accesos para trabajar la tierra.
Conversaciones con los vecinos y registro de los límites históricos.
Una finca recuperada no es una finca terminada. El agua hay que mantenerla, los muros se revisan, los bancales se cultivan y el monte se cuida. La recuperación se mide en años; el cuidado, en generaciones.
Agua, muros, bancales, caminos y construcciones. Dejar la finca en condiciones de volver a producir.
Una explotación agroecológica que funciona con sus propios recursos, en economía circular y con la mínima huella. Cultivos tradicionales canarios —higueras, morales, granados, cítricos, cereales y papas— en equilibrio entre regadío y secano.
Mantener el agua, los muros y el monte. Una finca que funciona y un paisaje que se conserva en uso, no congelado.
La finca quiere ser también un espacio abierto. Junto a las zonas de cultivo se reserva sitio para recibir visitas: talleres agrícolas, actividades con colegios y muestras de las técnicas tradicionales de Anaga.
El secado de los higos, la siega y la trilla, el arado de siempre, los cultivos de toda la vida. Una especie de aula al aire libre, donde el paisaje se entiende trabajándolo. Recuperar la finca es también conservar la forma de trabajarla.
Respeto al medio · Cultivo ecológico · Equilibrio hídrico · Transparencia
Finca El Conde de Anaga SL · Barranco de las Huertas, macizo de Anaga, Santa Cruz de Tenerife. Para consultas sobre el proyecto, la finca o su recuperación, escribir a JuanJo.